27 de septiembre de 2010

Cómo conocí a Pablo el de Fama

Esta historia está basada en hechos y desechos (de la humanidad) reales.

Otro pequeño artículo sobre nuestras desventuras nocturnas y que sirve para que no os vayáis a la competencia (como por ejemplo el blog de
Kiko Hernández) pensando que he abandonado el barco con todos los becarios dentro. No busquéis una lógica aparente, simplemente es que nos regimos por el calendario de Felizonia a la hora de actualizar.

Albert Einstein habló mucho de la estupidez humana, pero se centró solamente en la teoría. Sabemos que es algo que existe, más bien, que abunda, y que apreciamos constantemente. Sin embargo, esta historia va a conseguir algo insólito y nunca visto anteriormente: demostrarla.

Cuando uno sale de fiesta, bebe, se pega tres bailes, echa fotos, y las sube al día siguiente a la red social de turno para que todo el mundo vea que se lo pasa mejor que nadie. Para conseguir un mayor efecto se añade algún "qué bien la pasemos", "vaya noche", "qué desfase", "hay que repetir", y derivados.

Pero para esto ya están los demás. A nosotros nos gusta distinguirnos y siempre buscamos la manera de hacer cosas nuevas, y la mayoría de veces parecemos espectadores del extinto
No Te Rías Que Es Peor, llevando todo tipo de cachivaches y atrezo para amenizar las veladas. Y nuestro relato comienza de este modo, con un efecto en que se difumina la imagen y empieza a sonar Girls Just Want to Have Fun de Cyndi Lauper, y yo aparezco con un cardado, mullet, reloj calculadora, vaqueros decolorados y zapatillas Paredes.

Corría el año
2009 d.C. (después de cenar) por la pista de atletismo, me encontraba en mi casa y tenía que realizar una maniobra tan complicada como una fotocopia de mi foto de carné. Yo, que estoy peleado con la informática, y soy de los que para subir el puntero levanto el ratón, no sé qué toqué, pero la cuestión es que la foto salió a tamaño folio. Lo primero que pensé es que la había liado parda, y que le había ahorrado al sheriff el trabajo de imprimir el cartel de wanted, pero después recapacité y decidí aprovechar el desaguisado. ¿Qué es lo que cualquier ser humano anhela con todas sus ganas?, ¡una careta de su propia cara!

Así que cual manitas de
Art Attack, hice una segunda copia (esta vez adrede), y las pegué en una cartulina. Las recorté y ahí se quedó la cosa, que Plástica siempre fue mi talón de Aquiles (ya sabéis cómo podéis derrotarme, lanzándome (a) algún trabajo manual).

La cuestión es que en mi casa ni se dieron cuenta de que llevaba una careta, dado mi semblante invariable y a mi habilidad de hablar y comer sin mover la boca, así que decidí usarlas cuando saliera de fiesta, que fue un jueves y el destino
Alicante.

Alineación titular (aquí es cuando sale la pantalla de formación como en el
Final Fantasy Tactics): Alberto, Miguel Ángel, Tarantino y el surmano que suscribe estas líneas. Allí se nos unieron el Maestro Panerola y un amigo suyo del cual nunca supimos el nombre, aunque está presente en nuestros corazones.


A decir verdad, la noche no empezó muy bien, con la policía evitando que bebiéramos en la calle. En realidad no sé si estaban velando por nuestra seguridad y salud, impidiendo que nos pimpláramos la botella de cuatro euros de
Mat Kenn, pero es que merece la pena acortar la vida unos años por ese precio tan irresistible. Al final nos refugiamos en una caseta perdida de la mano de Dios, donde nos encontramos a los Black Brothers o Africanos en Benacantil (abrí los ojos para ver, que el alcohol no sube aquí), unos one-night-forever-friends de color.....negro; y nunca he entendido lo de referirse a las personas negras como "de color", ¿de color qué?, con la de tonalidades que hay.

Recuerdo que les preguntamos sus nombres y nos contestaron: Rodrigo, Pepe y Antonio. Venga sí, y vuestra canción favorita es
Made in Spain de La Década Prodigiosa. Posteriormente nos aclararon que usaban esos nombres para "pasar por españoles". Sólo les faltó sacar el capote y exclamar: viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley.


Tras una despedida entre lágrimas y abrazos, partimos rumbo a la discoteca, y aquí es donde se sitúa el centro de la acción. Mientras me ausentaba, unas chicas alelatorias le preguntaron a Miguel Ángel que quién era el de la careta (que él llevaba en la mano), a lo que contestó que Pablo el de Fama. Para los lectores procedentes de otras dimensiones, épocas o galaxias, explicarles que Fama es un programa de televisión en el que enseñan a gente a bailar y a hacer el paripé. También cabe aclarar, que en el momento de escribir estas líneas, yo nunca he aparecido en ese programa, y Pablo el de Fama, como tal, no existe.

Cualquier persona con un coeficiente intelectual que no sea negativo, sabe que una careta la puede hacer cualquiera en su casa, y no es únicamente propia de famosos o ricos. ¿Pero qué hicieron ellas para asegurarse de que no les mentía? Lo transcribo a continuación:

Chicas locas: ¿de verdad es
Pablo el de Fama?
Miguel: sí.
Chicas locas: ¡
oh my God!, ¡WTF!, ¡epic win! (y demás jerga y sonidos de exaltación general).

Entonces aparecí yo y se desató la locura. Se lanzaron sobre mí como posesas, empezaron a meterme mano y tuve que esquivar sus arremetidas, que no se han visto tantas cobras juntas y seguidas desde Serpientes en el Avión, que casi me desnuco y todo. Allí se hicieron todo un
book a mi costa, que ni el día de sus bodas se echan tantas fotos. Aparte, debo de estar en los Tuentis de media España (evidentemente yo les di datos falsos).

Lo más triste es que si les hubiese dicho otras cosas más meritorias, como que era el creador de
Google, el ganador del Príncipe de Asturias, o el descubridor de la vacuna de la enfermedad venérea que iban a pillar esa misma noche, ni se hubieran inmutado. Además, eran universitarias, que no eran madres adolescentes reponedoras del Lidl. Esto es lo que hay, si sales en la tele automáticamente te conviertes en un sex symbol, incluso sin aparecer realmente, como en mi caso. Ni cirugías, ni gimnasios, ni labia. Y ojalá hubiera pillado el hermano Calatrava feo una generación de lelas como las de ahora, pero se la está disfrutando el de Crepúsculo, que le va a la zaga en hermosura.

Volviendo a la historia, una de ellas se mostraba un poco incrédula y me hizo la siguiente pregunta para comprobar si todo era cierto:
¿quién fue tu profesor?, a lo que contesté Rafa Méndez, que es el único del que me sé el nombre. Después de esta gran aclaración, emitió una serie de grititos y pasó al mismo estado de euforia que las demás. Al poco tiempo vino la prueba de fuego, y es que me pidieron que bailara para ellas. Como ya no estoy para muchos trotes, les hice un Moonwalk y me quedé tan pancho. Pero querían más, y tuve que sacar a la luz LA PEOR SERIE DE EXCUSAS DE LA HISTORIA:

-He firmado un contrato con el programa y no puedo bailar en ningún evento que no sea organizado por ellos.
-Sufrí una lesión en el tendón de una de las extremidades y no estoy en condiciones de bailar.
-Aquí está sonando pop comercial y yo sólo bailo
funky y techno-house.
-Bueno vale, ahora está sonando
techno-house, pero quería decir lírico.
-Sin el calzado apropiado no puedo bailar.
-Sólo bailo con la morena esa que sale en el programa, que es mi novia.
-Si no bebo me da vergüenza.
-Estoy bebido y ahora no puedo bailar bien.
-Sólo duré una semana en el programa.
-Aquí no tengo el suficiente espacio para poder realizar mis coreografías (con la pista vacía).
-Mira detrás de ti, ¡un mono con tres cabezas!

Finalmente desistieron, ya que mi imaginación podía más que su obstinación. Al rato observé cómo le decían a alguno de mis amigos: "
dile a Pablo el de Fama que por favor se líe conmigo". Ya lo que me faltaba, como si fueran mis mánagers, y encima no me quitan la fama ni del nombre.


Volví a escaparme del tumulto y desaparecí. Llegando al final de la noche, vino una de ellas casi entre lágrimas, bastante enfadada y me dijo: "
que sepas que me he enterado de la verdad". Entonces reflexioné: quizá no sean tan retrasadas como había pensado. Y antes de que pudiera responderle nada, continuó: "sé que no estuviste en Fama, te quedaste en el casting final."

No lo pude evitar, me puse a descojonarme de risa en su cara. Cuando pude serenarme un poco le contesté: "
tenéis razón, me habéis pillado. Sois muy listas. Espero que os acordéis de mí cuando me veáis en Gran Hermano". Esta vez nos fuimos antes de que se repitiera la historia.


4 comentarios:

thefifthbullet dijo...

Coño Pablo, qué decir... me he descojonado de veras. Y yo pensando que habrías tenido un encontronazo con alguno de Fama.

Sólo faltaba pillar a cualquiera de tus colegas y gritar que es tu hermano, como aquello de la discoteca. Cacho asegurado.

Banshee dijo...

¡Jajaja! Qué grande. Viva las idiotillas universitarias, son las que dan vida y risas a esta cruel vida. Dímelo a mí, que vivo las 24h con ellas en una residencia universitaria.


Pd: Yo sigo llevando esas Paredes blancas. ¡Já! Enormes.

Lis dijo...

Jajajjaja es buenísimo, Pablo!

Me partía de risa, ay que ver cuánto puede dar de sí con gente retrasada un momento lumbreras de un colega, eh?

Las excusas son la bomba, la de es que sólo duré una semana... por eso no puedo bailar, es cojonuda. Sin embargo, te mereces un chocapic extra azucarado por ese clasicazo del monkey island :D

harmando dijo...

hoyga pablo le conosco del programa fama soi vailarín i me gustaria que me alludases a entrar en la hacademia hadjunto curriculum grasias de hantemano