28 de noviembre de 2014

Sinopsis de Interstellar

El otro día vi Interstellar, así que os voy a hacer una sinopsis como las del tipo este que se ha vuelto famoso y que tanto hace "de reír".

El protagonista es Koopa, un ex-concursante de Granjero Busca Esposa que antes era ingeniero, pero por culpa de la crisis y saturación de licenciados, ahora se dedica a cultivar remolachas y a marcar mofletes continuamente. Tiene dos zagalones faltos de figura materna y de dos guantás a manopla abierta, porque no paran de contestar al padre y ponerse farrucos con los maestros. En una reunión del instituto le dicen que al crío no le llega, y que por eso puede optar como mucho a ranchear o a magisterio, y él se enfada porque quería que el vástago fuera arquitecto o CEO, que son cosas de listos.

A la Tierra le pasa algo chungo porque tiene todo más polvo que el poncho de Clint Eastwood, que ahí parece que no limpia nadie. La zagalona es un culo de mal asiento que dice que en su habitación está el fantasma de las bragas rotas tirando los libros y revolicándolo todo, que ni los Ghostbusters echan a ese porculero de ahí. En una de sus barrabasadas, les deja apuntada la dirección de la NASA, que en teoría está oculta, pero observamos que las instalaciones están al salir de su casa a mano derecha, que hubieran terminado antes buscando en Google Maps. Allí no hay polsagueras que valgan porque pasa el plumero el mayordomo de Batman, y además es el que parte el bacalao por aquellos lares. Este le comenta a Koopa que si quiere pilotar una nave espacial para salvar la raza humana, rumanos incluidos, ya que no se le ha visto trabajar en todo lo que llevamos de película y tiene pinta de estar desocupado. Él acepta porque se acuerda del percal que tiene en su casa, entre el fantasma, los dos zagalones y el suegro haciendo cuerpo con la polvareda. Koopa le dice a la nenica que se va al espacio, que es como irse a por tabaco pero más despacio, y a ella le da un berrinche que no se le pasa hasta que se ha acabado la película y ya estás en tu casa.

En la nave le endosan varios mochuelos, entre ellos una nena que va de guapa con corte de pelo de lesbiana ochentera, un barbitas genérico que lleva la raya del pelo hecha con escuadra y cartabón, y un negro avinagrado que no rapea; es decir, un cuadro de tripulación, que solo faltan ahí Zapp Branigan y el capitán del Costa Concordia. También hay dos robots más anchos de hombros que RoboCop, con el diseño de un adoquín mal puesto, con la pantalla de inicio del Spectrum por cara, y de humor y sinceridad variables, como las mujeres.

Después de una siesta que se les va un poco de las manos, se meten en un agujero de gusano para acelerar las cosas, que es como cuando no vas a salir y te acabas liando, que no sabes dónde puedes acabar, y en un momento aparecen a tomar viento, pasada Torrevieja. Llegan a un planeta nuevo que debe estar hermanado con Teruel, ya que no hay nadie asomado al balcón, ni se oye jaleo ni ná. Allí se encuentran una playa sin madrileños y una ola gigante los pilla de susto porque no habían visto la bandera roja. Ahí es cuando descubrimos que los robots son en realidad Kit-Kats. El barbitas no lo cuenta porque justo antes se había tomado el piscolabis y le da un corte de digestión. Como no se habían echado el bañador deciden irse con las mismas, sin comprar souvenirs ni miguelitos para la familia tan siquiera.

De vuelta en la nave, da la impresión de que al negro le han dado un disgusto muy gordo porque está hecho un Cristo, casi que tienen que jubilarlo. Eso se debe a que en el planeta sosainas el tiempo pasa más rápido, como cuando te metes a Internet, que te enfrascas y cuando vas a darte cuenta se te han ido los mejores años de tu vida y te has perdido la comunión de tu hijo. Viendo que ahí no había ninguna comitiva que los recibiera con vítores y canapés, deciden marcharse a otro planeta a ver si consiguen rascar algo, que de momento solo se han llevado pesambres, aunque la mariliendre quiere irse al que está su amigovio, que con tanto viaje se ha puesto on fire y quiere picoteo. 

En el nuevo destino, donde hace más rasca que en el bautizo del yeti, se encuentran a Matt Damon, que ha confundido invernar con hibernar, porque se ha puesto hecho un oso. Es que ni cabe por el agujero negro de todos los Phoskitos que se ha comido mientras esperaba a que lo rescataran. El tío parece un comercial de Orange, ya que no para de soltar la chapa y casi les coloca el ADSL más el fijo a sus compañeros. Al ver que Koopa tiene mejor tipín que él y que va a ser quien fecunde a todas las hembras del nuevo mundo, se pone celosón y empieza a chincharlo. Se echan una carrera hacia la estación a lo muerde-almohadas el último, pero Matt Damon abre la ventanilla para que le dé el aire porque le ha entrado flato y la lía parda.

Al final Koopa, comprobando que están sin combustible y sin afroamericano, y que no hay ninguna gasolinera cerca, decide meterse en el agujero negro a ver si hay alguna estación de Repsol y aprovecha para pasar por el trono de hierro, que ya asoma la rata. Se mete en un mal desvío y acaba detrás de la estantería de la habitación de su hija. Como está aburrido, se dedica a mandarle mensajes cifrados con los libros, como "no fumes", "a las diez te quiero en la casa, mindanga", y así cumple su labor de padre ausente y dejado.

La cuestión es que nadie sabe cómo, en uno de esos jeroglíficos de amor paternal, la moza salva a la Tierra porque es muy listica. Koopa se despierta en el Gregorio Marañón, que en ese momento te esperas la resinada de turno, y le dicen que tiene más años que el todo a 100 que había antes de que pusieran la Giralda aunque se le vea lozano y juvenil; que es como en los foros de videojuegos, que la gente tiene realmente 40 años, pero aparenta 5 por su mentalidad.

La hija, que ahora está hecha una pasa por culpa de la obsolescencia programada, se reencuentra con él y lo despide fríamente con un "pos ná, ya nos vemos, desfilando", y este se va en busca de la nena mona a ver si consigue repelar a última hora y arrimar el badajo, que en toda la película no ha dado ni tan siquiera un piquico.

La película tiene muy buenos detalles, como cuando están en el espacio, que no se oye nada, porque es como una biblioteca y ahí la gente está calladica. Lo mejor de la película son los dos robots, que parecen el dúo Sacapuntas, a ver cual de los dos la suelta más gorda.

La recomiendo porque está media Internet diciendo que es muy buena y yo también quiero ser popular.




1 comentario:

Fiorrens dijo...

Resumen masterpiece.